Reflexiones sobre el tema Messi
Se resolvió hace unos días el asunto de la participación de Leo Messi en los Juegos Olímpicos de Pekín, así que parece este un buen momento, ya un poco más en frío, para hacer algunas reflexiones al respecto.
Algo va a cambiar. Está claro que la decisión del Tribunal de Arbitraje Deportivo con respecto a Messi va a tener consecuencias en lo que respecta a la relación de los clubes con las selecciones olímpicas. La más esperable, sin duda, y también la más deseable, debería ser la unificación del calendario, que no permita la superposición de dos eventos tan poderosos a nivel mediático-económico como las Olimpiadas y la Liga de Campeones. En caso de que esto no ocurra, no parece demasiado fácil que, a partir de ahora, los clubes cedan con tanta facilidad a los internacionales, habida cuenta de que tienen un antecedente legal detrás que los respalda. Es mucho más sencillo no dejar ir a un jugador que hacerle volver cuando está allí, que es el caso que ha ocurrido estos días.
El miedo de los clubes. Ha resultado llamativa, en el caso de Messi, la desproporción entre el esfuerzo jurídico realizado por el FC Barcelona y la nula intención de éste de hacer volver al futbolista para competir en la previa de la Champions. Sin duda la decisión final del club catalán es respetuosa con la voluntad del jugador, pero si estaba claro que Messi quería estar en los Juegos, ¿por qué meterse en este tinglado de tribunales y apelaciones? No parece que el gozar de un antecedente ni los magros beneficios del acuerdo con la AFA sean motivo suficiente para ello, así que la impresión que da es que al final ha pesado más el miedo a enfadar a la estrella que cualquier otra consideración. Resulta chocante, pues, el desaforado poder que poseen los grandes jugadores en un mundo del fútbol donde toda la carga económica reside en los clubes; y es curioso el miedo que atenaza a la directiva ante el futbolista famoso que se muestra descontento –hay hasta frases hechas al respecto-. La desunión de los grandes clubes, siempre prestos a acoger en lecho de oro al díscolo ídolo de la afición vecina, y la inexistencia del concepto de “pacto entre caballeros”, son los que llevan a esta extraña situación, que tiene mucho ver que con el hecho de que en el mercado de fichajes impere la ley de la jungla y una galopante inflación.
La desafección del futbolista. Sin duda alguna es comprensible el vínculo afectivo que une a casi todos los jugadores del mundo con sus combinados nacionales, y en este caso la voluntad de sumarse a la selección se acrecienta con la expectativa de vivir in situ la experiencia deportiva y personal de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, como aficionado de un equipo, uno echa en falta una mayor implicación de los futbolistas con el club que les paga. Hoy mismo hemos leído unas declaraciones de Messi en las que, más o menos, manifestaba que él no pensaba volver dijera lo que dijese el TAS, y la impresión que da es que el futbolista no valora en absoluto la importancia que para su equipo tiene la eliminatoria de Champions que está a punto de disputar. Estamos de acuerdo en que, por potencial, el Barcelona debe pasar con Leo o sin él, pero desde luego da la impresión de que el futbolista antepone su propio disfrute a las necesidades de su club. Y Messi es un simple ejemplo, porque ya hemos visto decenas de jugadores manifestarse en el mismo sentido en circunstancias similares. Y es algo que resulta, como mínimo, feo.
En cualquier caso, la situación ya está resuelta. Esperemos que todo acabe del mejor modo posible, con Messi haciéndonos disfrutar como suele y el Barça en su sitio, con los grandes de Europa.


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